sábado, 28 de octubre de 2017

EL PODER DEL ALGO.

Todo empezó aquel día nublado en el que las temperaturas descendieron bruscamente. Yo me levanté con una sensación rara como ser consciente de haber hecho algo en algún momento porque me dio la gana hacer ese algo que no sé que algo fue, pero la cuestión, ese algo pasó sin que me diese cuenta.

Según me contó mi compañera de piso anoche llegué al piso con olor de haberme metido de todo y, según ella mantuvimos un diálogo más o menos así:

- Marcos, no se en donde te metes pero me huele mal.
- Amelia, déjame tranquilo que no eres nadie de mi familia.
- Tienes toda la razón del mundo, pero...-no se atrevió a seguir con la frase porque en ese preciso momento, algo estaba estrangulándola.
- No te escucho.
- Marcos, deja de apretarme el cuello.
- ¿Qué dices? Yo no...- en ese momento me dí cuenta de que ese algo que obstaculizaba el habla de Amelia eran mis manos. No se como pudo ser, siendo yo tan cariñoso con todo el mundo- Lo siento, no se que me ha pasado.
- Está bien- respondió Amelia con una voz rara en ella. Ella, acostumbrada a hablar con una voz suave y feliz, ahora hablaba con una voz asustadiza como si no se creyera ni ella su respuesta anterior.

Luego me fui al aseo a cambiarme para irme a dormir cuando me dí cuenta de que tenía el torso lleno de sangre. Cuando vi en el espejo la imagen de mi torso lleno de sangre me quedé parado pensando: "¡Pero que demonios! Esta sangre, ¿de dónde leches sale si aparentemente no tengo ninguna herida de arma blanca ni nada por estilo?". No me acordaba de lo que había hecho.

Al día siguiente compré el periódico del día y la primera noticia que leí fue la siguiente:

"La policía ha encontrado el cuerpo sin vida de un ciudadano de a pie que iba en chándal. Según se confirmó por parte del médico forense, la muerte se debió a una puñalada en la zona del tórax, por lo que dificultó la respiración de la víctima. Según algunas fuentes, que no quieren ser reconocidas por posibles represalias, confirman que la víctima se llamaba Antoni y que era un buen amigo de Marcos, estudiante de periodismo en la Universidad de Murcia. Estas mismas fuentes afirman haber visto a la víctima con Marcos antes del asesinato de Antoni."

Me quedé alucinado. Yo, ¿un asesino? Pero si nunca he tenido ningún problema, ¿o sí?. En ese mismo momento, me vino a la cabeza algo que me hicieron de pequeño y que, posteriormente, juré vengarme de la sociedad. Si, soy un asesino, pero todavía no han dado conmigo.

- En eso te equivocas, Marcos.- Amelia habló y apretó el gatillo.- Marcos, no te había dicho antes que soy policía infiltrada. Ya sabía de tu vida conflictiva.  

Pero cuando sentí el disparo, no vi sangre. Comprendí que me querían vivo para hacerme algo en algún lugar de la ciudad.


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